A las ocho de la noche estaba metida en una lista interminable de funciones matemáticas y no había hecho cena, ni me había vestido ni preparado para Noche Buena.
De hecho, no había puesto ninguna decoración
de Navidad ni siquiera el arbolito....
Marido preguntó,
con su habitual desenfado: ¿"ya casi
cenamos?" y ahí me di
cuenta de que eran casi las nueve de la noche.
Como un rayo
cerré changarro, recogí todas mis chivas, compu, cuadernos, hojas, cálculos, me levanté, y me fui a la cocina. ¡Desastre!
Ni los platos
estaban lavados.... ¿Dónde había estado todo este tiempo?
Parece que en
casa ¡no! y sin embargo...
Mientras ponía a
cocer las patatas, lavé los platos... ¡y el resto!
Luego, preparé
una ensalada con rúcula, esas hojitas picantes tan ricas, para ponerles por
encima un poco de salmón ahumado.
Marido vino a la
cocina a ver... y preguntó si podía hacer algo.
Si claro, ¿podrías
preparar el salmón fresco que irá al horno, en "papillote"? con crema
y estragón.
--Si, dijo…
Mientras él se
divertía a llenar la mesa y el suelo de crema, me fui al comedor a arreglar la
mesa. Creo que puse una bella mesa de
Noël.
Regresé a abrir
las ostras! uffff Una docena de ostras, cerradas hasta la pared de enfrente! (diría
miamá), y ninguna perla...
No hice
postre.... pensé en el flan napolitano borracho de Claudian Lovegood, pero me dije que era ya muy tarde para
ponerme a hacer alguno.
Saqué la botella
de Cava Gran Barón del refrigerador, y la noche estuvo dispuesta a brindar por
un año más, una Navidad más...
Nos dimos los
abrazos y los regalos... ¡bellos regalos!
Qué bueno que
decidí hacer la cena Navideña, Santa Claus vino, ¡estoy segura! aunque marido me
diga que era el gordo del vecino disfrazado de boiler ardiendo con barba blanca
que cruzaba el jardín para volver a asustar a los niños como el año pasado...


No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu opinión cuenta, para mí. ¿Me das una?